martes, 7 de octubre de 2008

FRONTERA DEL INVIERNO




Dilución de una tarde ya hondamente otra entre los últimos árboles: luz que gravita

y decae en la curva del sol, pálida luz,

milenaria sobre nieve.

Algo hubo en que creímos una vez, un ayer demasiado verde, gestos atávicos

de los que vivieron aquí. Palabras que se hielan, zarza que irrumpe

sobre el muro de la casa devastada del tiempo.

Muy tarde llegamos al lugar del encuentro, un domingo en primera penumbra,

bajo el arco de sombra creciente. Entonces fue una la faz de la

noche y la luna de invierno todo nuestro mundo, cetro y barca en la hora

más alta de las desolaciones.



Alejandro Drewes

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