viernes, 1 de enero de 2010

CUANDO LA VIDA SE CONVIERTE EN MAGIA

La magia de la vida es como el cristal de un espejo. Solamente si te recreas con todos los sentidos en ella, aparece como un reflejo de ti mismo. Tal vez por ello no se pueda encontrar en las situaciones en que las luces del cerebro permanecen apagadas, extraviadas en lamentos depresivos o cuando se ve el vaso medio vacío y no medio lleno.
Cuando era joven, casi un chaval, me conformaba con vivir hasta los cuarenta y apuré al máximo mi existencia. En un horizonte tan corto no cabía el espejismo del futuro. Tal vez, también, ese concepto de proximidad con la muerte me hizo tomar muchas decisiones que no se correspondían con las de uso corriente en la mayoría de los congéneres, decisiones tales como no terminar la tres carreras universitarias que empecé, no acosarme a plazos de hipoteca para disponer de una gran casa y no trabajar de ocho a tres como un autómata el resto de mis días. Luego conocí la poesía de Manuel Antonio, de Rafael Alberti y de tantos otros, así como su visión poética, basada en que el poeta se debe colocar en los extremos o los polos y desde ahí hacer poesía para así decirle cosas nuevas a la gente, cosas que, habitualmente, desde su óptica común, no suelen ver. Es decir, algo parecido a llamarle, por ejemplo, "procesión de disparates de luz" a la
hilera de farolas que, por las noches, se refleja sobre las aguas en el puerto de Rianxo, en lugar del típico "te quiero, te adoro, eres un tesoro" a la enamorada de turno en un tono de como si uno hubiera descubierto la pura esencia de la poesía. Todo eso, desde luego, sin sentirse coartado para nada en la libertad creativa a la hora de la utilización de las palabras.
Y a estas alturas, cuando tan sólo me quedan dos o tres meses para cumplir los cincuenta y dos, he de confesar que me considero un ser privilegiado. Firmaría ahora mismo, si en el libro del destino se pudiera firmar una declaración de conformidad con lo que éste me ha deparado. Estoy disfrutando de una vida plena. Mi despacho queda situado tres plantas más abajo que mi vivienda, lo que me exime de desplazamientos inútiles. Dispongo de amigos y amigas que son tan poco comunes como yo, y, por lo tanto, seres, cuando me encuentro con ellos, que me aportan una riqueza espiritual y empírica que trasciende todo lo material y me hacen llegar a pensar, incluso, que el acelerador de partículas del que tanto se habla en estos tiempos, ya ha comenzado a funcionar y ha tomado mi cuerpo como elemento inaugural para sus experimentos. Tengo, además, la sensibilidad suficiente para disfrutar de este privilegio existencial, a sabiendas de que hay gente en el
mundo a la que la lotería no le ha sonreído como a mí, lo que siempre me ha motivado para desarrollar tareas que repercuten de una forma positiva y tangible en toda esa población desfavorecida. Es decir, en unos términos más llanos, lo que trato no es de dejar de disfrutar yo como lo hago, sino intentar que el resto de los mortales disfruten tanto como yo de este pelotón de minutos que nos está fusilando a todos desde que nacemos.
¿Y a que viene todo este rollo pseudofilosofí co, se preguntarán ustedes? Para mí está muy claro. El pasado viernes presenté mi libro "El latido de las horas" en los viernes del Sarmiento, en Valladolid. Ha sido un fin de semana espectacular, como diría Juan Fanti, el marido de mi amiga la poeta argentina Ana Guillot. Lo más importante no fue que se llenara la sala sino que tuve la oportunidad de charlar con un viejo amigo, una persona que en un momento dado me cambió por completo la vida, no sólo en las cuestiones económicas, que también lo hizo, sino en el planteamiento existencial, lo cual le agradezco enormemente.
Lo he visto más viejo, a sus 74 años, pero en espíritu sigue siendo el mismo, a pesar de que lo han abierto de arriba abajo, extraído el hígado para un revisión completa con amenaza de transplante, tajeado a placer por el cirujano donde la espalda pierde su honroso nombre, como decía Cervantes. Es una persona carismática. Recuerdo, incluso, que cuando él era político, los trepas, y los que ansiaban sus cargos, para desvirtuarlo, le llamaban hasta buena persona. -Es demasiado buena persona para ser político- decían, lo cual te llevaba a la conclusión inevitable de que para ser político hay que ser un auténtico hijo de puta, con perdón para los que sanamente les haya tocado en suertes ese destino en el sentido literal de la palabra y que merecen mi más profundo respeto.
Al día siguiente, el sábado, me reencontré también con otro viejo amigo. Hacía diez años que no lo veía, pero seguía también igual. La gente no sabe que por sus manos han pasado mil seiscientos millones de euros, como mínimo, en los últimos tiempos, y que ha realizado el proceso de asignación de recursos sin llevarse al coleto ni un solo céntimo. Nos permitió a mí, y a la persona que me acompañaba, disfrutar de un tentenpié en el stand de la feria Intur de turismo rural, ofrecido por el Ayuntamiento de Valladolid, que ya nunca olvidaré en lo que me resta de ciudadano de a pie por su generosidad, para luego invitarnos a recitar en la fiesta con la que la Comunidad Mexicana festajaba las "Adelitas" en Castilla Y León. Allí había gente de Querétaro, de San Luis de Potosí, de Guadalajara, de México D.F y de tantos sitios de aquél país que hasta me pareció que dentro de poco la antigua capital de España tendrá que cambiar sus
colores por los de la bandera mexicana. Hubo también una invitación a una discoteca, pero el cuerpo ya solamente pedía una copa de cava fresquito en la intimidad del hotel con una buena compañera para que la ecuación de los sueños resolviese su incógnita más profunda.
El domingo comimos con el amigo que tanta trascendiencia tuvo para mi vida, y con su mujer, que se encuentra en un proceso de despedida de la vida, víctima de un cáncer con metástatis, en uno de los mejores restaurantes de Valladolid, La Parrilla de San Lorenzo. Ella ya casi no me recordaba pero yo sí a ella, pues siempre me recalcó, en el tiempo y espacio en el que coincidimos, que yo tenía los ojos muy bonitos y una mirada muy profunda. Fue toda una lección vital su entereza. Los admiro. A lo largo de su vida, probablemente, hayan viajado, vivido en y conocido más paises que nadie, desde Brasil hasta Namibia, desde el pequeño pueblo de Salamanca, Mazuecos donde nació su marido, hasta Mataró donde vio la luz ella, pasando por todos los lugares que ustedes se quieran imaginar. En 1987 habían conocido cincuenta y seis países y desde aquella sé positivamente que no permanecieron quietos. Los considero tan privilegiados como me siento yo, que
aspiro a que el horizonte me trate igual de bien que a ellos en lo que me resta por vivir, pero, sobre todo, los envidio sanamente porque ellos disfrutan del privilegio de haber sentido siempre el vaso medio lleno y no medio vacio. Ellos siempre se han querido y respetado desde que se conocieron, y pienso que, tal vez, yo tenga la misma suerte en un futuro próximo y encuentre a la persona adecuada, que me proyecte más allá, y con la que tomar la copa de cava fresquita en el hotel de los sueños hasta que el destino se digne suprimirme de esta realidad tan maravillosa que me han hecho sentir los amigos.

Noviembre 2009©Fernando Luis Pérez Poza
Pontevedra. España.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Un poema de infancia / biográfico

La que silva por la casa

a Madelyn Ortiz Vélez

Mamá, virgen que me heredara
mis costillas, las que pega con saliva de seda
de otros mundos, a las puertas de mi ser
en este cosmos, mamá la sideral,
la spinoziana que calcula el panteísmo
con los ojos y a eso le llaman buen cubero
y matemáticas, madrugó silva que silva
y yo, molido, con mis piernas
que no quieran erguirse
[ayer caminaron mucho, junto a ella].

Se metió en cuanta tienda existe.
Le dio rienda, suelta rienda,
a esa sospechosa acusación que Papá hace:
«Mujer, hay que ser ahorrativa.
Tú me pareces que eres gastadora.
Que piensas que el dinero brota
como si fuera agua de bajo de las piedras»].
Mas Mamá no hace caso.

Sale y me toma de la mano.
La noche nos sorprende en negocios.
A mí ... es la mañana la que se vuelve siglos.
Son tantas diligencias las que hace,
visita aquí, visita allá, a todo el mundo.
Ninguno la para y quieren saludarla cuando sale
a la calle, o la ven rumbo a la tienda,
a la barda vecina. Y la llaman y se entusiasman
porque va con uno de sus nenes
y salió de sus nidos y telares
como un trombo.

La ardillita recaudará sus nueces.
En eso anda hoy la esposa del maestro.
Es siempre la mujer que está teje que teje
y haciendo que bellotas de amor y de contento
se cuelguen en los árboles, han de ser
las futuras avellanas. O el sustento.

Sale, como ayer que no estuvo silvando
y tenía carita seria de abejita, atareada,
hasta que dijo: «Vamos a las cerialias,
por pan para el invierno»; y ella sí que sabe
sobre mediaciones, sobre pasión creativa
y simultaneidad con lo Eterno.

Utiliza materias de su espíritu, signos
que saca de sus huellas dactilares,
palabras hierofánticas que transmuta
del momento más duro del asma,
cuando parece que se va sin aire en los pulmones
a sus viajes extáticos, a cercanías kratofánticas
a orillas de la muerte.

En sus itinerarios, se detine en La Trapera
de Leopoldo Nieves que son la misma parentela
de mi padre; sube más allá del Cementerio Viejo
donde está Luis Cantántora como un polo inmantado
de negrura, Vigilante, y saluda a Polo El Prieto.

Entra a la Cinco y Diez de Doña Chefa Jiménez,
una jamona del Pueblo; seguro Las Delicias
será el último paro... antes, porque puede que no conozca
la palabra ágape, visitará a poderosos,
a las familias ricas que tuvieron
algo ver con los nuestros.

Ella bien que se sabe en forma y contenido,
en identidad conceptualizadora lo que es justicia,
pasión ante el prójimo, buena voluntad;
herir el irracionalismo puro de kantianos,
hijos de puta del imperativo categórico,
exorcisar a esos anglófilos, rooseveltianos,
de la Vieja Colchoneta,
chupasangres antes de La Pava.

Por eso se va donde Mochei, la esposa
de Sagardía Sánchez y de la cepa Torréns
que eran los buenos; ahora él es diputado
en la Legislatura, Puerta de Tierra.
Puede que ella no conozca, en rigor, de gobiernos
ni de agendas prioritarias, ni de sofistas de la nueva
y la vieja demagogia, pera ella sabe hablar
y no decir pendejadas como María Culito subida a las tribunas.

Mamita habla de tal modo que el Estado parece
que dependa de universalidades de Hilandera del Cosmos,
de la vieja urdimbre aracnológica a la que la Virgen Atenea
le sacó los ojos, le tapó la boca, le dio el asma en la soga
de la asfixia, en el innoble cadalso de la ahorcada.

Ahora es ella, la que sale a la calle,
en forma de Mamita, ardilla lidiadora,
vecina próxima al Caserío Mández Liciaga,
y porque Doña Bisa representó la Casa de la burguesía
señorial y aristocrática que ella comprendiera
por sus viejas intenciones, con ella va,
con María Luisa Rodríguez Rabell,
viuda del Juez Negrón, y es otra araña,
hilandera, tejedora de justicia, ambas creyentes
en los Eternos Tapices que cuentan la historia
de los dioses curioseanndo entre humanos,
amores posibles de dioses, sus andanzas,
sus buenas o malos engañifas.
O mentiras piadosas.

No es mofa de Aracné ante la diosa Atenea
(es cosa donde hilar se concibe, la idea
que lo Divino se mezcla con lo humano
y la historia divina y la profana se coinciden).

Y Mamá dialoga ésto, no sé qué vende, que no sean
palabras: Mamita es una ardillla charlatana,
oradora, con boca limpia como sus manos.
No han de ser Causas Perdidas las que ella
promociona; sabe que de estos viajes
al Pueblo, a pasito lento de camino,
porque, en mi caso, cansan, fatigan,
depende nuestro invierno cuando se vaya
ese Sol tropicaloso. ..

Ayer fue al Pueblo, regresamos.
Y Mamá, dulce Abeja, hembra de estrella
que se vuelve avellana, ardillita traviesa,
juguetona, hoy silva, brinca como mosquita loca
de pared a pared, y en cada flor de la casa
deja sus besos de mariposa. Y, como un ruiseñor
o sabe diós que avecilla, tiene una canción en los labios,
una melodía sin letra, pero sonora,
obsesivamente contagiosa y agradable como miel.

Lo sé. Es que ayer visitó enfermos,
tristes, desconsolados, compró cosas, miró lo uno y lo otro,
se trajo mercanc1as a plazos, en lay-away, a fiado.
Yo vine cargado de paquetes, yo tan sudoso
que hoy casi ni me levanto; pero, ella quedó dura,
cantarina, resistente, madrugó silvando,
silvando, silvando.

Y ésto durará meses y meses; posiblemente,
antes que el invierno llegue, me dirá lo mismo:
«Esta vez será el campo», visitar a la Abuela,
a Cidral, a Mirabales, a El Guacio,
a ver los viejos Alicea,
los Prat, los Arce, los Luiggi,
los Brignoni, los Vélez,
los Ortices y Arocena, y «claro, Carlitos,
tus animalitos, y la nena que te gusta
de la escuela, a esa que escribes
en secreto, tu prima de ojos azules
sí, la de versos al campamento
de El Guacio».

Carlos Lopez Dzur

08-12-1976 / De LAS ZONAS DEL CARACTER

domingo, 20 de diciembre de 2009

HOY...


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,
,
,
,
,
HOY...

Los sentimientos no son simples emociones que nos suceden,

sino que son reacciones que elegimos tener.



Si somos dueños de nuestras emociones, si las controlamos seguro que las podemos elegir,

eso es dar un paso hacia delante, eso es crecer...



besos

Marga®

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Manuel Bermúdez y La Coronela

Manuel Bermúdez y La Coronela



Hace algunos años, el poeta Luis Vásquez y yo, estuvimos arreglando la Biblioteca del Centro de Historia de Trujillo, en vísperas del Primer Simposio de Literatura Trujillana. Estábamos emocionados. Salíamos de clases de la universidad y corríamos a ayudar en la biblioteca. Era la oportunidad de conocer a otros escritores y poetas que vendrían de toda Venezuela.

Llegó el dia de la inauguración del simposio. Al terminar la primera sesión matutina, salimos a comer. Llenamos el carro del poeta Luis Vásquez. Previamente, conocimos a Manuel Bermúdez. Lo buscamos luego de su intervención. Hablamos, o mejor dicho, habló él. Luego, en horas del mediodía, se lo iban a llevar a comer, para almorzar, junto con otros poeta, que no conocíamos. Pero Manuel nos invitó, allá fuimos a parar con él.

Allí estaban un buen grupo de escritores Denzil Romero, Manuel Bermúdez, los poetas Ramón Ordaz, y Tito Núñez, entre otros. Fuimos a la casa de La Coronela. Una casa ubicada detrás de la iglesia de Don Tobías, con un ambiente muy familiar y acogedor. Era una muy distinguida familia. Ella, La Coronela, había cursado la invitación. El ambiente era espectacular. Festivo. Circulando una bandeja con delicados vasos repletos de añejo escocés, y no faltaron los exquisitos “pasapalos”. Los tragos hicieron aflorar anécdotas, comentarios, y versos finos tomados de libros, o arrebatados a la propia memoria.

Al final, salió la doña vestida con su impecable traje verde oliva. Hizo gestos castrenses. Era nada más y nada menos que una miembro de la comisión de ascensos del ejército en tiempos del presidente Carlos Andrés. Estuvo extraordinaria la reunión, buen ambiente, suave música, poemas, y las voz de Manuel Bermúdez que erguía en los rincones hasta las mismas flores marchitas.

No faltó como conclusión la nota mágica de los poetas. La respetable y amable Coronela, se retiró a cambiarse las indumentarias verde oliva. Luego, en un abrir y cerrar de ojos, apareció inesperadamente ataviada con una vestimenta nupcial, con finas telas blancas. Todos quedaron sorprendidos. Pero al poeta Tito Núñez, que no se le escapa una, se le ocurrió un matrimonio, un casamiento, entre Manuel Bermúdez y la Coronela. Todos aceptaron. Primero, el matrimonio civil, sirvió de Jefe civil el poeta Tito Núñez, y de amanuense el poeta Luis Vásquez. El matrimonio eclesiástico fue realizado y bendecido por el poeta Ramón Ordaz. Y Denzil Romero, sirvió como testigo de ambos actos. Al final, un lindo besito, unas carcajadas; e inmediatamente, vino la separación de cuerpos, hasta allí duró el matrimonio. El compromiso literario procuraba otros espacios. Había caído la tarde, era la hora de regresar al simposio.

Para este año 2009, el poeta Pedro Pérez Aldana, me invitó para el cumpleaños (que los amigos le celebran todos los años) en el mes de enero al Comandante guerrillero Francisco Prada (Comandante Arauca). Mi sorpresa fue que allí encontré al poeta Tito Núñez. Rememoramos aquel tiempo de nupcias que involucraba a Manuel Bermúdez. Y quedó sorprendido porque todos eran escritores y ninguno había escrito esa anécdota de Manuel Bermúdez en la ciudad de Trujillo en la oportunidad de celebrarse aquel primer simposio de literatura trujillana.

Hoy 16 de diciembre, la prensa nacional trae una infausta noticia: “Se fue el llanero marcado por el significado de las palabras”. Se trata de Manuel, el mismo Manuel Bermúdez que por encanto de las palabras y el sortilegio de los actos en fina tertulia y magia literaria se casó en tierras trujillanas, ya esta vez, no con la amable y entrañable Coronela, sino con la amistad que involucra a muchos de nosotros. Por eso, aquél recuerdo del casamiento, casamiento con la amistad, con el compartir, con lo acertado del adorno de la buena tertulia. Este tipo de amigos no perece, no se va. Todo lo contrario, se queda entre nosotros. Ambulando o deambulando, en nuestras palabras, en los homenajes que se le rindan, y lo más importante, que fue un buen semiólogo y crítico literario, y por sus propias palabras se queda arraigado profundamente en los espacios del saber y de la amistad.



Gregorio Riveros


http://pampanito. nireblog. com
http://lapoesiavene zolana.nireblog. com

domingo, 13 de diciembre de 2009

La luz






No soy hija de la noche ... soy hija del amanecer.
Donde los rayos del sol iluminan las fronteras de este mundo y otros mundos...
soy el momento exacto en que la luz comienza a brillar...

A veces me da miedo, a veces corro hacia las sombras,
y otras veces me escondo y me pierdo entre los pliegues del sol...
La luz me exalta, me eclipsa me da identidad y por sobre todo esperanzas.

Con amor... Marga®.

www.margaseoane. blogspot. com