martes, 17 de noviembre de 2009

HOY...



El pasado no murió, está en los amigos, algunos lugares,
los amores...los aromas a rosas y jazmines
que guarda la memoria...

Con pasión y con valores
se puede combatir a la injusticia.

La vida es sin duda ¡ todo un tema !
a veces fabulosa ...
a veces fastidiosa.. .en definitiva una fantástica aventura
cargada de esperanzas y de sueños.

Marga® con amor.

martes, 10 de noviembre de 2009

Silbo en el viento

Me dedico a silbar en el viento
para que lo escuches
mas también para que respondas.
En rigor ya lo has hecho.

Con un poema estupendo
que leí de cabo a rabo.
Mas te has arrepentido
y con temor lo has borrado.

Te atravesaron mi insistencia
y mis misiles de ternura.
Crearon situaciones muevas.
Tal vez, las que habías olvidado.

Comprendo, la comodidad de no arriesgar
se adueña de tus acciones, poeta.
Tanto tienes que bregar a diario
para cumplir el difícil arte de vivir.

Entonces hay status quo
que se apropia así de tu vida.
Sigue la rutina impuesta
y al cariño no lo activa.

Y de ahora en adelante
sólo te resta decidir
si haces un lugar en tu vida
o si no deseas compartir.

Oscar N. Galante

viernes, 6 de noviembre de 2009

Y te fuiste

Y te fuiste.
Mi mirada te siguió preguntándose el por qué del abandono,
el por qué del exilio que emprendías sin motivo aparente,
el por qué del arrojo al vacio sin el paracaidas que mi amor
era para ti.

Y me detuvieron.
Mis pasos seguirte quisieron y hasta pensé que lo había logrado
pero el hado, el destino malvado, el cielo o el infierno
me devolvieron a este vacío cuarto,
a este laberinto sin salida que espejado se rie de mi sufrir.

Y enloquecí.
Intentando entender el por qué y el cómo,
preguntándome qué rutas tomar para alcanzar tu viaje,
qué excusas herejes vaciar en la bilis del ateo reproche,
dónde derramar la sangre que brota cual maná de mis ojos.

Y entendí.
Que existe un motivo que no puedo comprender aún
designio celestial que torturante me obliga a existir...sin ti,
Que todo camino, sendero o atajo, me lleva al mismo fin.
Que aún no es mi tiempo: que debo esperar
pues este lapso me hará saber la realidad de tu importancia,
y la valía de mi alma.

Y que cuando culmine todo: te buscaré sin prisa, con calma
pues al cerrar mis ojos al blanco día no daré un paso siquiera
pues tú me izarás en tus alas por la eternidad.


Liliana Varela 2008

sábado, 31 de octubre de 2009

Los buitres y Logios

La guarida de los buitres suele llamarse
el Gobierno. Suelen ser unas aves de rapiña.
Comen como carroñas al sudor ajeno.
Pero ellos alegan que la Ley les dio el derecho.
Que su permiso viene del Olimpo.

Mas, ¿saben qué?
Aún no convencen a nadie de que son inocentes
y, sin embargo, Proclos dijo
para una República que Platón tuvo en proyecto
que el primer ladrón sublime
ha de ser persuasivo y, por tanto,
los buitres no persuaden ni iluminan el por qué.
También dijo que Hermes Logios
más que ladrón es Intelecto Puro,
Nous en rescate, anticipo de luz
en el proceso, convocatoria
escapada de la Maia,
o de la madre que lo parió
y desautorizaba expectativas
ante la desvergüenza de los buitres.
¡Que viva Hermes, entonces, el ratero,
que vigila los caminos y espanta pájaro.
Que se jodan los autorizados del sistema
y chupen loquios! ... perdón: Logios.

Carlos Lopez Dzur
Del libro
"EL LADRON BAJO EL ABRIGO"

jueves, 22 de octubre de 2009

sin título

La ciudad por la que transito se mueve entre la belleza y el encanto, entre la mirada de los turistas, que atentos a todo, han encontrado el orden en esta caótica ciudad, la elegancia por la que se mueve el viento, el cavilar de los días y el ruido de los coches. Son los turistas los que saben apreciar el lugar, los descubridores. La novedad nos embriaga, nos llena, nos transporta a la niñez en la que cada cosa que veíamos era extraordinaria. Los que ya viven y se han acostumbrado no se fijan, caminan pensativos por las calles sin pararse a observar, dejando la huella de los pasos, cruzándose con desconocidos a los que ni siquiera miran.

Cuando dejamos la autopista aparcamos el coche y salimos, me quedo de pie en la acera y alzo la mirada, en el cielo ya empiezan a asomar las primeras estrellas, aunque con las luces de la ciudad no se pueden ver bien.

Una suave brisa recorre las calles, por las que sólo caminan los que vuelven del trabajo, o los que han ido a algún recado. Las luces se empiezan a encender en las ventanas de los edificios, es la calidez del hogar, la vida en familia. Cuando entro en mi casa viene la paz, la tranquilidad de sentirte en tu ambiente, la seguridad que te da tu rincón.

El calor que te dan los que te rodean es importante, te sientes bien, lleno de vida. Los gestos que tengan hacía ti te dan tu sitio, ocupas un lugar destacado para alguien y ese alguien se preocupa por ti. Eso es el cariño, el amor, la amistad o todo lo que signifique relacionarse con el prójimo. No sabemos vivir en soledad, no es una buena compañera y en ocasiones es triste.

Intentamos buscar un barco que no vaya a la deriva, encontrar el camino que nos deje en buen lugar. Por eso vivimos rodeados de personas, cada uno diferente a otro, con su propia experiencia y aventuras que contar.

Porque en la variedad está el gusto y hemos logrado hacernos únicos, que la esencia se huela por todas partes, se respire en cada aliento, que al cruzar la mirada con la persona que te hace feliz, le puedas ver el alma en el blanco de los ojos. En esa pequeña distancia que nos separa el tiempo se detiene, se muestra afectuoso y renace la plenitud del alba, donde nostálgica deja caer sus deseos como gotas de rocío. Sientes que respira a tu lado, en la soledad nocturna, cuando enredados entre las sábanas te dejas llevar por los minutos que se pierden en el tiempo.

El otro día soñé con un enano, parecía sacado de la película de Blancanieves, con mucho pelo negro y barba que le cubría gran parte de la cara, tan sólo se le veían los ojos oscuros. Ahí estaba en mi habitación, mirándome desde el pie de la cama, como si quisiera decirme algo y no le salieran las palabras, entonces desperté y desapareció. Mi marido ya se había ido a trabajar, miré el reloj de la mesita, todavía podía dormir un poco más, era muy temprano.


Erika Martínez Rodríguez