martes, 10 de marzo de 2009

REIVINDICACIÓN DEL PADRE

Éste pequeño pero significativo escrito, está dedicado a resaltar la imagen del padre, ubicándolo en un nivel igualitario con relación al concepto de "madre"...concepto que sublimado, aparenta tener manifestaciones inigualables.

Deseo aclarar antes de entrar de lleno al tema, que de ninguna manera pretendo menoscabar las cualidades y aptitudes que una buena madre posee, ya que de hacerlo así, negaría en mi propia madre a quien quiero entrañablemente, las bondades personales que generosamente la adornan.

Luego de ésta necesaria introducción cabe hacer notar, que espiritualmente ambos padres tienen un mismo origen, pues según la religión judeo-cristiana todos los hombres fueron creados a imagen y semejenza de Dios, a quien el Génesis denomina como Jehovah. Éste nombre deriva del hebreo Jodchevah, que analizado cabalísticamente contiene el principio fálico masculino JOD y el femenino EVAH...es decir que la Entidad Creadora era andrógina, de la cual emanaron los géneros heterosexuales contrarios pero complementarios.

Así mismo materialmente hablando según la sociología, la familia es la célula básica de la sociedad, la cual está formada por el padre, la madre y los hijos, teniendo cada uno de los padres características individuales que se complementan para brindar a los hijos, el necesario amor...la adecuada educación y la imprescindible cultura.

El amor tiene distintas formas de manifestarse, y no siempre el más expresivo es el más grande. Generalmente el padre demuestra su amor en forma poco evidente y quizá para la mentalidad de un niño, ese amor no exista o se vea trastocado, debido a que casi todas las decisiones o actitudes del padre tomadas por amor, dan su fruto a largo plazo.

Se habla mucho sobre el incomparable amor de una madre...se supone que de una buena madre. ¿Por qué no equipararlo con el amor icomparable de un padre?...se supone que de un buen padre.

Es lamentable que solamente valoricemos al padre cuando ya somos adultos, y no solamente adultos, si no que hayamos pasado por los dolores, las ausencias y/o incomprensiones de nuestros propios hijos. Cuántos años tienen que pasar...inclusive llegar al momento postrero de la muerte, para llegar a comprender el inmenso amor que guardaba calladamente nuestro padre, y que nuestros ciegos ojos no veían...Cómo ibamos a entender nosotros de niños, de jovenes, las actitudes aparentemente inaccesibles de nuestro padre...su semblante preocupado y taciturno, su contínuo fumar, sus noches desveladas.

Tal es el motivo, que hace imprescindible fomentar desde la niñez, el amor y comprensión hacia el padre, tan igual como se fomenta el amor a la madre; debe existir una efectiva labor de educación familiar, que redunde en un fortalecimiento espiritual y material de la célula básica de la sociedad.

En contra de los afanes de lucro comercial, propondría unificar en un sólo día los denominados "Día del Padre" y "Día de la Madre". Sí bien a los dos debemos quererlos todos los días del año, por lo menos uno de esos días sería de festejos familiares unidos por un único amor: El amor a los padres.

Reconozco que mi padre me ha dado alimento...vestido. ..techo, etc. pero muy aparte de lo material, ¿Qué mejor alimento que su amor de padre?...¿Qué mejor vestidura que la educación recibida?... y, ¿Qué mejor y seguro techo que la formación y cultura que me ha brindado? todo lo que me hace surgir ante cualquier obstáculo que me presente la vida.

Doy gracias a la vida por haberme permitido tomar consciencia a tiempo y aún tenerlo conmigo. Junto a mi querida madre, tengo a mi viejo...¡mi querido viejo!.

Luis L3mOs
Julio 1987

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