viernes, 28 de septiembre de 2007

Mujer




Liliana Varela



Tu mirada me escruta sin enojo, sin rabia y sin envidia
sólo la resignación de quién al matadero se dirige
te gobierna el alma.
En el fondo de tus ojos se vislumbra esa angustia
que se agiganta con el tiempo y se torna cruel derrota.
Tu mirada me orada por completo
pesan los párpados ante la vergüenza,
yo aquí, me quejo de mi suerte
de la vida inútil que brinda Occidente.
Tú no dices nada, sólo me miras,
te escondes tras esa niebla de angustias.
Somos tan distintas y tan parecidas
ambas nos definimos como “una mujer”.
Entendemos una semántica diferente
para un mismo sustantivo :
orgullo para mi, sufrimiento para ti.
Quién sabe si podremos unir nuestros caminos
alguna vez…
Y en tumba futura vives sin esperanzas
Sin levantar la vista ante tanta adversidad,
Sobrevives, permaneces como las montañas
Que el desgaste del tiempo hace decrecer.
Quisiera decirte que lucho por ti,
Que el mundo es distinto fuera de tu celda
Que existe la risa, la gracia , el placer
Y el disfrute del sexo …
El orgullo de saberse mujer.
Liliana 2007

martes, 25 de septiembre de 2007

Diatriba anti-política

Mi patriotismo es algo estrafalario;
y está bien, si podemos entendernos.
No rindo pleitesía al serpentario

político que intenta someternos
a su ideario unívoco en que insiste,
seguro de que habrá de convencernos.

Al pueblo da alimento; hasta lo viste;
y el pobre con la pava conformista
su mate cebará, aunque no resiste

la yerba otro gobierno kirchnerista.
¿Podrán tener mañana sus ahorritos
o habrá planes sociales a la vista?

El arca de Noé de los políticos
con su gran coleccién de animalitos
se va hundiendo. Si viven, paralíticos

quedarán, pero al tiempo, maquillados,
hundirán por venganza, ineptos, críticos
cuantos proyectos no hayan sido ideados

por sus lisos cerebros pseudoadultos.
Sin chistar dan sus votos ya acordados
y al disidente abruman con insultos.

Ni hablar de los preclaros funcionarios
que esconden al viajar dudosos bultos
propiedad de supuestos empresarios.

Ya ni se salva ni el fútbol ni sus fieles.
Discepolín ya no hace comentarios
al ver que no descienden los niveles

de corrupción que cuenta en Cambalache.
El gobierno no busca los laureles:
solo hartarse el bolsillo hasta el empache

con tanta comilona como deja
prensar los sufrimientos milenarios
del pobre. Y nunca aprende nuestra vieja

desnaturalizada sociedad,
que devora a sus hijos y aún se queja
de no alcanzar jamás la saciedad.

No habrá nunca equidad, siempre avaricia.
Solo nos queda aullar esta verdad
hasta que alguien decida hacer justicia.

Cristina Longinotti

lunes, 24 de septiembre de 2007

HOMO SAPIENS

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(Dedicado a Alejandro Drewes)



Nada es suficiente para salvar

el último tono del verso mudo,

mudo y loco

se fue el verso vacío,

ese que ha matado la crueldad

que solo llega de la mano del hombre.


Diez, veinte, cien…golpes,

y la pupila derrama su inocencia,

las manos se hacen río de muerte

entre la luz helada

que desde la rabia impotente

va quedándose roja.


Y nada más existe

desde el silencio manchado

por el dolor inútil,

y nada más que la cordura dividida,

y nada más que la locura amancebada con el asco,

desde la aversión de saberse humano…


Nieva salvajismo en el norte,

el gemido de las focas

queda acallado en algideces color rubí:

y yo, entre vómitos, me reconozco homo sapiens,

examinando la urgencia de una homoplastia

para la sordidez del mundo.




Mudo y loco se ha ido el verso vacío.




Issa M. Martínez Llongueras

Improperios (apenas un esbozo)


Patricia Ortiz



Nace el improperio

potente cabrío vulgar marcando el encono

pero me contengo -me muerdo-

mugriento de mierda ¿por qué tirás la la latita por la ventanilla?

che sucio, ¿eso te enseñó tu vieja?

la puta madre, ¿no escuchaste hablar de la ecología?

¿en tu casa hacés lo mismo, pedazo de pelotudo?

Ni siquiera atino a moderarme y decir

chabón no cuesta nada tirar la basura en un cesto

la ciudad es de todos, ¿por qué no la cuidamos?

hermano, respetémonos

pero me contengo –me muerdo-

tal vez intentando eludir una puteada mayor

tal vez porque siento que es inútil

me sigo conteniendo, -mordiéndome-

hasta que se destraban hoy mis dedos
reemplazando a la lengua dolorida
y esbozan las primeras puteadas

con la escasa libertad que mi mente les brinda.



(El tipo que tira la latita es apenas un ejemplo, de lo que me molesta, me disgusta, me enoja -de ahí que el título reza- "apenas un esbozo").


Besos!

Patricia

miércoles, 19 de septiembre de 2007

Deseo loco

09-09-05
Jorge Luis Estrella


Ni bien apareció la doctora Carlston confieso que un deseo loco se me
paseó por todo el cuerpo. Debajo del blanquísimo guardapolvos
adivinaba yo los morados pezones invitándome a quien sabe qué orgía.
Me la habían recomendado y le conté los extraños síntomas que me
preocupaban desde hacía una semana. No sé qué cara puso pero sí sé
que cara vi. Escapándole al flequillo, unos ojos claros,
inmensamente claros, nariz perfecta, labios carnosos, muy carnosos,
inmensamente carnosos. Me auscultó y mis fantasías se dejaron tocar
con ganas. Luego, como era de esperar, me recetó una extensa batería
de análisis. Cuando volví a verla, el deseo se había incrementado, y,
mientras ella observaba atentamente los indicadores de la sangre y la
orina, yo observaba atentamente su ombligo y su vagina, es decir,
imaginaba verlos a partir de lo que mis ojos registraban. Cuando
levantó la cabeza y me miró comprendí que algo malo pasaba en el
interior de mi organismo pero también comprendí que eso mismo me
inclinaba a desearla todavía más. ."Usted padece del rarísimo
síndrome de Lafiq"- me dijo y agregó que, hace algunos años, el
Doctor Lafiq, obviamente el descubridor de la enfermedad, había
desaparecido misteriosamente. Su melodiosa voz me acariciaba el
lóbulo de las orejas, uno de mis principales puntos erógenos. No
alcancé a asustarme con la noticia porque mi felicidad alcanzó el
clímax cuando agregó que el Doctor Lafiq sólo había preparado a una
persona para el tratamiento de tan poco frecuente mal y era su
discípula y colaboradora, la Doctora Carlston, ella misma. No puedo
estar seguro pero creo que la besé en los labios y en... no, no estoy
seguro, pero en algún lugar la besé o, seguramente no, claro que no y
comenzamos la difícil tarea de combatir al sofisticado virus agresor.
Nos vimos todos los días durante varios meses y lo que más me costaba
era contener la catarata de caricias y abrazos que me venían ganas de
darle. Cuando, por fin, podía considerarme curado, mi mente navegaba
por la sinuosa piel de la Doctora como si fuese el océano soñado y me
dirigí a la Clínica a declararle mi inobjetable amor. Cuando pasé
frente a la mesa de entrada escuché el nombre del Doctor
Lafiq. "¿Apareció?- pregunté casi sin darme cuenta de que estaba
haciéndolo. La contestación que me dieron me dejó noqueado como si
hubiera recibido un directo a la mandíbula. Sin embargo, al entrar al
consultorio de la Doctora que me había salvado la vida, no me importó
saber que ella era el operado doctor Lafiq y le besé los carnudos
labios con una pasión apocalíptica.

Jorge Luis Estrella