martes, 30 de octubre de 2007

Cuánto silencio el de página en blanco!

muestrario

Cuánto silencio el de página en blanco…!
Suya es la quietud.., la inmensidad.. ,
la promesa insegura de la palabra…;
de algún trazo de crayón…
Inmutable me sugiere infinidad de planos..., de misterios!
Me tienta el dejarme caer dentro suyo.
Cambiar proyecciones por entre trazos borrados e ideas inconcretas! !
Navegar desde afuera por ese espacio tentador,
tal vez lleno de arrepentimientos,
de placeres, angustias, amores…, adioses y perdones!!!,
todos mezclados en el ordenado alboroto del imprevisto,
y la desordenada perfección del arrepentimiento o la disculpa!
Tal vez su interior contenga toda la sabiduría del pasado
colmado de errores impensados y aciertos repentinos!
La pregunta me inquieta!! ¿Como será por dentro!?
¿Transparente, diáfano? ¿Un oscuro infinito?
¿Y después.., ya dentro de él? ¿Hacia qué lado quedará el pasado!?

La hoja seguía allí, inmutable, observando alguna arruga de mi frente..,
algún parpadeo imperceptible… Desafiándome inanimadamente!

Desde algún recoveco del cerebro aparecieron otras imágenes,
¡de pronto!, ¡como si fuera natural!, ¡tan natural que no me di cuenta!
Desde la playa sonaba el mar apenas calmo a mis píes, y hacia el horizonte!
Desde allí volvía hasta mí, alto…, muy alto y transformado en cielo!
En él, el último barrilete de la tarde me decía adiós
con el moño anudado en su cola ondulante…!!!

…Miré hacia la hoja de papel.
Inquieta en mi mano, comenzó a repetirme todo esto!!

Horacio Mario Aguilar
Please!!! Pietá (¿se escribé así?)




Hmaguilar

sábado, 20 de octubre de 2007

TODOS LOS MAPAS SON INÚTILES EN ABISINIA

muestrario

Habían llegado sin sospecharlo y perplejos al lugar de la visión.
Negando el esqueleto abrasador de las señales, empuñadores
del hierro vencido por la hierba,
estaban afiebrados de lástima,
de indiferencia,
de vacío.
¿Cómo atreverse a la espuma cubriendo los jardines?
Humaredas del hambre,
el niño ciego abrirá la llaga que ha perdido entre las tumbas
para saberse anciano
y desvanecerse en la arcilla elemental de este desierto.
Es un misal de susurros, de oscuro ágape, de flores de limo
el que heredas esta noche.
¡Bien hacías en golpear la salmodia con tu voz
y clavar agujas en la mano impostora!
Iremos a la cueva agrietada
donde los muertos no renuncian al destino de agua lila
y gritan quietamente el espanto.
Tiempo de la devoción en archipiélagos.
¿Y el escriba que no astilla el espejismo
encarnándose en palabras?
Me inclinas al sicomoro del origen.
Entonces, ¿por qué hablé de Lucilio consultando a la sibila
entre piedras de tormenta, hoy un altar de trampas sumergido?
¿Y si la palabra quisiera desmenuzarse, mancillarse una vez más,
ser la obediente migaja del vuelo?
Madre Tarántula o Madre Vaca de Willendorf,
¿engendras de nuevo el levísimo tejido en la cripta?
Escúpelo.
Perfóralo con el hueso punzón caliente de tu báculo.
¿No es una hoguera la música que tiembla debajo de la piel?
Triunfal y unida en trance al ánima abundosa,
confecciona un vestido de fósiles para el deslumbramiento.
Ya fueron arrojadas las dinastías
y el corazón retorna en manantial.
Así han de lavar tu llanto.
Nombrarás los frutos de la tierra.
Reinarás sobre el viento a cada instante.
¿Comprendes cómo debajo del luto está el fulgor inenarrable?
Brillaban los tres clavos de oro del Tahalí de Orión,
como en la lluvia soñada de Anatole France.
Brillaban, sí, lo juras,
como la carroña en los ojos del matarife.


Manuel Lozano

Memoria Granizada

muestrario

La lluvia graniza se derrumba sonoramente en esta calle de mohosos respiros, casi inmolados, insignificantes, volteo y el alrededor abrupto aprieta mi bufanda y aspiro con ganas de aplicar una sentencia que me permita escapar de este momento.

Los otros (que en veces soy yo diría mi psicóloga) corren para refugiarse de la intemperie y el gris de las nubes se coloca en esta idea que alguien querrá escribir para caminar en un verano ideal, pero me quedo en la sensatez y prefiero cubrirme debajo de este parabus.

Los autos pasan volátiles sin omisión, mi suerte se desprende de la tarde y en consecuencia me rasgo con el viento. El sonido del granizo lanza veredictos que nadie quiere escuchar, y es que al estar sordo de este instante veo que en la acera de enfrente está Alejandra con su gabardina negra.
Quede de verla después de la sesión, es una costumbre sin tragedias, sin abandono, pero cuando llueve nos quedamos de frente esperando a que todo pase. Es una manía suya, piensa que estropeando momentos como este, se puede alterar al destino sin permiso, es sin duda una superstición certera y precavida de vida.

En consecuencia, me muevo a los lados siguiendo la línea que delimita el cemento cortado y la saludo con la mano. Levanta su brazo indicándome el que ya me vio, se sienta para esperar y de repente siento una mano en el hombro, me sorprendo, es Andrea, se deja ver seria, mojada, se quita agua de la boca, le pregunto: -¿Qué haces aquí?- su cabello se pierde con la lluvia y me dice: -ayer hable con ella, Tomás sigues con lo mismo-.

Este diálogo se presenta como una parte del destino que no quiere mover Alejandra, volteo a verla y sonríe maliciosamente, se balancea de a poco, su cabellera se sigue como péndulo con su sonrisa alargada, prendiendo un cigarro empieza caminar en círculos dentro del espacio que le deja el parabus para no mojarse.

Andrea me toma de la cabeza y continúa: -Yo como tu psicóloga y amiga, quiero que me digas una cosa-, me tomo de la bufanda y suspiro: -dime-, me ve a los ojos e inquiere sutil: - ¿Qué esperas?-, contesto: - pues espero a que pase la lluvia para ir con Alejandra, ¿sabes? tiene una manía extraña para cuando llueve, en dónde prefiere no estropear el momento con prisas, ella es supersticiosa, y cree que el destino no debe modificarse- .

-Alejandra esta en Chile, enfrente no hay nadie, ya llevas afuera del consultorio más de una hora y es por eso que vine, hable con ella ayer y me dice que estas mal, por eso te preguntaba-, no contesto, el dolor se desdobla. Nuestro final…lo preferí olvidar y vivir en el cómodo deseo, Andrea lo sabe, y sin miramientos se va enojada.
Me coloco en el ideario parco que sobra de mi necedad y en medio de la memoria granizada me instalo en un espacio, un espacio de locura para poder ver a Alejandra al otro lado de la calle, en dónde ella toma su bolsa y abre su paraguas. Se va, se fue, no quiso interrumpir como siempre, espero, hago tiempo…sí es que el infinito se puede hacer, lo haré, y terminará de llover y después, barreré mis recuerdos, estoy cansado, llevo muchos días esperando a que me hable el destino, pero éste cree en la suerte así como Alejandra.


Andrés V.Elizondo, Octubre 2007

jueves, 18 de octubre de 2007

Niña soñada.

muestrario

Trato de hallar una niña dulce con un ligero escote,
que me diga la verdad todos los días y me mienta todas las noches,
que ría como una loca y me haga sonreír como un niño torpe,
y se pueda leer en sus pupilas que soy su hombre.

Trato de hallar un cuerpo fino y delicado,
que se abrigue bajo la sábana buscando mis brazos,
que su lengua invada mi garganta y que muerda mis labios,
que el amor me haga como una fiera y como un cordero manso.

Trato de encontrar un alma gemela de tercera,
que se adapte a mi vida singular de mil maneras,
que le importe poco caminar desnuda o con hermosas telas,
que sea más que amiga y amante, no estoy buscando una cocinera.

Trato de encontrar una mujer de inviernos,
que ande por la calle cuando llueva y sonriendo,
que camine a mi lado por la playa sin importarle el tiempo,
que me inspire a escribir toda una pared rota llena de nuevos versos.

Busco una chica que comience de cero,
que me susurre al oído que encontraremos ese universo,
donde nos podamos transportar con sólo escribir un verso,
para conquistarme con un te amoy me atrape con un te quiero.

Busco una mujer que sueñe despierta
para alegrar mi vida desierta.

Oscar Néstor Galante.

lunes, 15 de octubre de 2007

Los diablos

muestrarios


Los diablos bailan en el atrio de la Iglesia de Santo Domingo mientras
las beatas acuden a la misa que el párroco Matías celebra los domingos
a las dos del mediodía. Estas en su mayoría ya viejas se ocupan mucho
de la vida ajena, de ponerle salsa y pimienta a su vida. Los chismes
pululan entre ellas, de eso viven. Y luego van a la misa, se golpean
el pecho y hasta van al confesionario a contar la historia de la
vecina o del vecino. Así se sienten bien.

Le rezan al Santo negro milagroso San Martincito de Porras, el de la
escoba, el que barre las malas vibras; aquel que juntó pericote, perro
y gato e hizo que muchos enfermos graves no murieran.

Los negros tienen este Santo, cocinan rico, con su música plena de
sensualidad; luego del baile en el atrio se alejan en cuadrillas, ha
terminado la misa, las beatas se persignan ante tanto requiebro de
fiesta.

Tam ram tamgairá. Sonidos de cajita, cencerro, checo, guitarra y
cajón. Bailan y tocan, se dirigen a su callejón de un solo caño, a
cinco cuadras de Santo Domingo. Algunas de las beatas viven también allí.

Ño Bisté, el Diablo Mayor dirige la comparsa, adelante, imponente con
su látigo en mano. Gracias acrobáticas, bajan y suben sus cuerpos
estos negros sin descanso. Vestidos de rojo y blanco, muchos bobos,
con cascabeles, camisas buchonas y máscaras de colores, con los cachos
que asustan a las viejas beatas, ellas esconden sus caras. Ño Bisté
saca la lengua acercándose a una de las beatas, Donailda.

"venimos a los infiernos
no se vayan a asustar
con estos rabos y cuernos
danzamos y ya…"

Celebran todos, principalmente beatas y diablos el Santísimo
Sacramento de la Eucaristía o la infraoctava de Cuasimodo. Vean a la
comparsa, el cajonero Octavio se queda atrás, recoge su cajón, corre,
espera adelante y acompaña nuevamente a los fiesteros.

"estaba charanganguito
estaba comiendo un hueso
y como el hueso era tieso
le daban con la patita.
una mona se murió
y la mona le enterró
con cuatro velas de esperma
a la orilla del mar.

Donailda, la beata negra que camina rapidito reza por ellos con sus
amigas, por Ño Bisté, ese Diablo Mayor con esa máscara de bigotes tan
largos y sus diablitos; por Sarandunga, Papaúca, Matita, los músicos
y el cajonero Octavio.

Los músicos y el cajonero llegan primero al callejón de un solo caño,
luego los diablos que paran de bailar, sigue el festejo de otro modo:
con pisco puro, cevichito y canchita salada.

Tum tum tumbará
chumba que chumba
chumba que chumba ¡Cha!
ahí está Ño Bisté
con sus calzones bombachos
y sus bigotes de fuego.

Ño Bisté, el Diablo Mayor y los diablitos no se han dado cuenta de
que Donailda ha entado a su casa a rezar el rosario con las otras
beatas y a invocar a San Martincito, y además ha llevado al cura
Matías, el párroco de Santo Domingo; sino hubiera recibido la pobre
otra antojada sacada de lengua de ese negro sabroso.

Julia del Prado