jueves, 10 de enero de 2008

El idiota y la pared.

Hoy las latitudes se detienen en esta pared, es entonces que la veo detenidamente para ver sí me encuentro con un futuro, su estructura grisácea no me habla de ideas, esta aquí toda inmóvil y le digo: –el futuro me espera con palabras pared, déjame pasar-, pero no hay respuesta. Pongo mi cabeza en el piso y toco, busco algún resquicio, le soplo…no pasa nada, mis manos recorren sus grietas, y las señales del tiempo oxidan mi franqueza inmóvil.

Es que tomo un lápiz a partir de esta avidez y pinto una puerta en la pared, escribo -ahora-, en la parte de arriba. Escucho un portón cerrarse y sale un tipo malencarado, adusto en los movimientos, calvo, cara afilada, ojeras encañonadas y rabia de entre los dientes, me dice: – ¿que hace hijo de mil putas?-. Me acerco a unos cuantos centímetros de su calva cabeza: –el futuro me espera e hice una puerta, esta pared no me dejaba pasar-. Pone su mano inquisidora sobre mi hombro: – ¡idiota! tantas calles para ir adónde quiera y usted escoge mi pared. Me tendrá que pagar por los daños causados-.

De mi bolsa saco un papel escribo –futuro-, se lo doy al señor: -el futuro ya esta escrito como podrá ver, y no necesito de calles para alcanzarlo, necesito de palabras y puertas, me encontré con esta pared y la necesitaba para pasar al otro lado, es por eso que pinte una puerta-. El señor se rasca la cabeza y se frota el mentón buscando alguna frecuencia que le haga comprender y dice: –pero sí es una pared y no ve, con tan solo pintarla no pasará, imbécil-.

Pienso…: - eso fue antes de que usted llegará, el futuro lo estaba alcanzando pintando y escribiendo, no necesitaba de más; pero podré decirle que ya pasé al otro lado gracias a usted, que también es pared-.

Se queda callado, escribo en medio de la puerta -alcanzar- y empiezo a caminar. Él se sienta en el piso y se queda con el papel en dónde esta escrita la palabra futuro, ya lo alcanzó.

Me limpio del momento, sé que hay más paredes de frente en el futuro y tengo que pasarlas para seguir escribiendo.


Andrés Villela Elizondo

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