miércoles, 23 de enero de 2008

En lo que disiento del MANIFIESTO DEL ESCRITOR WEB

Quiero disentir un poco. Comparto que las editoriales y los premios están predispuestos por el interés comercial o político, eso nadie lo niega, y también me uno a la concepción de que con los escritores de la Internet se gesta un buen augurio. Pero no me ajusto a la explicación que da a los tres ejes del manifiesto:

La producción literaria
Los lectores
La culpabilidad de las editoriales
Hay algo visceral que hace deslucir lo que hay de verdad. Me explico.

1. La producción literaria: (Antes, por lo menos, se trataba de escribir con cierto estilo) cita textual.

De ninguna manera. El idioma tiene un dictador que se llama "el uso" y es el escritor quien debe valerse, con mucha imaginación, de aquellos hábitos comunicativos para encontrar resonancia en el lector. No me imagino una escena en la que un chico en aprietos quiere hacerse prestigioso y atractivo para declarar su amor y deseo a una chica al interior de un "boliche", diciendo: "¡Oh señora de la fermosura, esfuerzo y vigor del debilitado corazón mío! Ahora es tiempo que vuelvas los ojos de tu grandeza a este cautivo caballero, que tamaña aventura está atendiendo." (Don Quijote)
Los tiempos han cambiado, y qué tal que no fuera así. Cómo, con qué criterio, alguien se atrevería a decir que la música de Vico C u Ozzy, para poner dos antagónicos, son solo guano. Que el verdadero estilo es el de Mozart o Beethoven. No señor, en estética todo argumento pierde validez cuando se va al pasado para juzgar la hermosura o la fealdad de algo presente. La razón es más que evidente, pues la nostalgia pesó más que la sensatez.
Por lo tanto, en buena hora, como dicen en España, esa orgía de estilos atrevidos y poco eruditos, porque ellos nos anuncian que algo nuevo y definido está por nacer.

2. Los lectores (El insulto a la inteligencia, por tanto, ya es parte de las políticas editoriales, cuando la "literatura chatarra" se amontona en las mesas de novedades y en los expositores de las librerías, como un producto consumible o como una lata de Coca-Cola en un refrigerador, para servir a ese lector complaciente que se leerá cualquier novela con una bonita foto en la portada. )
"Lector complaciente" , por más que lo analizo no entiendo si es un insulto o una condolencia. Complaciente de qué, ¿De las propuestas de las editoriales? Caramba, entonces quienes leen a Chopra ¿son, además de complacientes, brutos por no preferir a Lawrence Durrell y su precioso "Cuarteto de Alejandría"?. Perdóneme, pero no puedo dejar esto inadvertido. La soledad que vive la lectura se debe a que la inmensa mayoría prefiere otros hábitos para divertirse e instruirse. El libro de novela, cuento o poesía queda en la última de las opciones, si acaso. ¿Porqué? Porque en lo que llega a sus manos no haya la resonancia con su ser. Esa es la razón por la que celebro y estimulo a quien lee, sea lo que sea, porque sé la dimensión de las bondades que ofrece al espíritu este arte. Pero si yo llegase a pormenorizar al joven que lee con pasión un comic, estaría asesinando a un lector. Hay si estaría ofendiendo su inteligencia. Por eso, me atrevo a decir que más daño han hecho a la literatura quienes creyéndose eruditos pontifican acerca del bien y del mal de las letras, que el cine o la televisión. Y lo asevero porque han sido ellos los encargados de ahuyentar al lector al pretender entablar un dialogo por medio de un lenguaje absolutamente ajeno a él.
Por lo tanto, que se lea lo que se lea, lo importante es que sea con pasión, pues, como dijo Juan Gossaín, luego será el tiempo quien se encargue de conducirlo hacia la búsqueda de una mayor belleza.

3. La culpabilidad de las editoriales. (Por estas razones, y ante el desdén de una industria editorial que desprecia la literatura como arte, los narradores, que no practicamos las formas y contenidos de la banalidad, tenemos la obligación de buscar nuevos espacios para dar salida a nuestro trabajo)
El papel de víctima hay que jugarlo circunstancialmente y por corto tiempo. De lo contrario hacemos carrera para mendigos.
Yo, que también he sentido soledad editorial al punto que ninguna ha me ha abierto sus puertas, no las culpo. Ellas son un negocio y como tal hay que aceptar, sin satanizaciones, que cuando una se monta es para que genere retorno a la inversión, riqueza, sostenibilidad y competitividad. ¿A cambio de qué? De ofrecer un servicio a la sociedad. Es bueno analizar porqué pequeñas editoriales se han quebrado. Sin duda porque ni anticiparon el cambio, ni se adaptaron a él.
Yo, por lo menos, me juzgo como un escritor que tengo que desarrollar otras habilidades que deben ser aplicadas en el mundo exterior, lejos de mi cuarto de estudio y de mi computadora. Hay que salir, relacionarse, ser capaz de interactuar con los que disentimos y buscar un provecho mutuo, en vez de quedarse llorando o vociferando en contra del mundo que no me entiende.
Las cosas son como son y no como uno quiere que sean. O nos adaptamos y le buscamos la comba al palo, o nos estancamos en el olvido.
Ahora bien, en el mundo de las libertades, quien quiera desgastar su energía lloriqueando la incomprensión del mundo, allá él. También esta en todo su derecho.

Hugo Luís Londoño Cuervo
http://hugoluislond onocuervo. es.tl/

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