domingo, 13 de enero de 2008

NOCHEDAD

<<…Y te amo como se ama a un pajarito muerto…>>

M. Bandeira

Cómo inventar la pausa, el diptongo que no lastime la garganta y el
desoncuelo de un ala que lánguida ha perdido la noción de la
distancia en las bodas de las algas, golpeando cúpula en la piedra,
que espera la ensordecida mudez de la revancha.

Se estancia la soledad como la tecla del piano que negra, negra, en
negra se ha quedado resistiendo en la hendija desvencijada por tanto
tacto.

Escucho al coro de ángeles fuliginosos, las promesas rompen lloviznas
sobre la grava, me mojo hasta encallar a los huesos en la memoria,
algo se vende dentro mío y me vence, tiemblo un dulzor antiguo, los
recuerdos se parapetan entre retentiva y desamparo y la sed riega los
campos áridos donde los labios jamás volverán a posar el nido dónde
tu tacto; phostumus se levanta al pliegue del sueño, nada ha
cambiado, la arquitectura de las viejas casas son azuzadas por el
céfiro alborado, estanca voy de otoño cruel donde se me volaron todas
las hojas, las tapas del cuaderno víctimas han quedado sin conjunto y
el lapicero de clavo grafito ya no talla la remembranza, aún así
sonrío en la gloria del vendaval que castra la soledad del vacío y
me caigo en el bostezo impronunciable, no puedo planear un jadeo de
marcha cuando me han acortado todos los caminos irreparables, la
barca es tempestad de silencio y el cielo se rompe pesado de
preguntas, grito hasta quebrar a la voz, la jaula del pecho es
pesebre de orfandad. ¿Naceré a un nuevo concepto de pobreza y
misterio?

Cuánto callejón metiéndose al polvo de mis ojos, cuánta niñez
desamparada, cuánto juego escondido en el dobladillo de la
ingenuidad, no hay cabañas ni tíos Toms violando las siestas, las
higueras y sus sombras, el corcel escapa de las correrías de todos
los sueños y la fantasía se viste de duelo, rasgo los visillos de la
nada para contemplar la naturaleza muerta, un solo trago salobre
acusa el mercurio de la sangre y en ella evidencio el peso de mis
ganas, me hundo espaciosamente entre paredón y entelequia, finas
hebras tejen el arcabuz de mi suerte, disparada donde el ataúd es
cuna del compromiso en el que velas el triste destino, ya me sabias
desde entonces cuando me inventaste a cuenta de tu acaso, tan avizor
agudizaste el ojo de lupanar donde no cabía mi trato por el tuyo,
donde fuiste vos y vos primero, supinos contra terneros, tierna
mantequilla resbalando en esta suerte de incertidumbre.

En este colofón de resentimiento, si hubiese imaginado que todo lo
creíble era posible en el arbitraje del pacto tácito donde el amor es
un país visitable…

En el exilio de estas horas, comprendo que una carretera de una sola
mano no encontrará el camino de regreso.

Voy sosteniendo el revés de mi espalda para no desaparecerme en un
túnel de imposible, me aferro a la mano de la postrer voluntad, al
empuje de lo asequible y rezo en el leporino intento una plegaria
partida, a cuenta de no perder toda la fe para no sucumbir en el filo
exacto donde pensé dibujar al jazmín de fragancia enervante junto a
la oveja dócil para nuestro tiempo de alianza pero a cambio se traza
perspectivo y acusador el carrusel donde giras y giras la palabra del
amor con el hollín de tu tiranía cuando se tizna el brote donde me
anuncias pajarita muerta y yo muerta me crezco y voy encandilando la
existencia aturdida.

No puedo ver tanto misterio insatisfecho, perdóname la Vida, llévame
al depósito donde la muerte ahoga intermitente al susurro del
epitafio en el agitado mar de alas entregadas cuando me recuerdas
eternamente: Donde nunca fuiste te he querido, enamorada.

Fanny G. Jaretón

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